Si la Constitución portuguesa de 1976 fue la última Constitucióncial fuerte del continente, la española de 1978 se configuró ya como una Constitución de transición que, a despecho de algunos elementos socializantes, incorporaría otros claramente ligados al nuevo momento neoliberal. El nuevo texto expresaba en parte las luchas contra el franquismo, pero no era un texto de ruptura [...]. Se trataba, más bien, del producto de una transacción con los sectores reformistas del régimen que, asegurándose su hegemonía, aceptaron el tránsito hacia una monarquía parlamentaria [...]. Con este trasfondo, la "Constitución explícita" de 1978 vino conformada por una "Constitución tácita" en la que ciertos elementos políticos, económicos y militares del antiguo régimen mantenían un peso indiscutible.

Gerardo Pisarello, Un largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático, ed. Trotta, 2011, pp. 176-177.
 
Cierto es que los cañones se compran con dinero del pueblo: cierto también que se construyen y perfeccionan gracias a las ciencias que se desarrollan en el seno de la sociedad civil, gracias a la física, a la técnica, etc. Ya el solo hecho de su existencia prueba, pues, cuán grande es el poder de la sociedad civil, hasta dónde han llegado los progresos de las ciencias, de las artes técnicas, los métodos de fabricación y el trabajo humano. Pero aquí viene a cuento aquel verso de Virgilio: Sic vos non vobis! ¡Tú, pueblo, los haces y los pagas, pero no para ti. Como los cañones se fabrican siempre para el poder organizado y sólo para él, la nación sabe que esos artefactos, vivos testigos de  todo lo que ella puede, se enfilarán sobre ella, indefectiblemente en cuanto se quiera rebelar. Estas razones son las que explican que un poder mucho menos fuerte, pero organizado, se sostenga a veces, muchas veces, años y años, sofocando el poder, mucho más fuerte, pero desorganizado, de la nación; hasta que ésta un día, a fuerza de ver cómo los asuntos nacionales se rigen y administran tercamente contra la voluntad y los intereses del país, se decide a alzar frente al poder organizado su supremacía desorganizada".

Ferdinand Lassalle, ¿Qué es una Constitución?, 1862