En las próximas semanas se publicará en la veterana y combativa Utopía. Revista de cristianos de base un dossier sobre desobediencia en el que participo, con un texto breve del que anticipo aquí un fragmento:

"Existen sin embargo interpretaciones más abiertas, que aspiran a describir el amplio espectro de acciones políticas posibles al margen de la participación institucional, de un lado, y del conflicto armado, del otro. Esta desobediencia ampliada puede negar, no solo la norma legal, sino la legitimidad del legislador, y puede aspirar a la transformación estructural de la sociedad, esto es, puede ser ejercida con fines revolucionarios. Y no se distingue tanto de la violencia en abstracto como de la guerra civil, de la que viene a ser una especie de contrafigura. Esta desobediencia en sentido amplio rechaza el enfrentamiento cruento y directo entre fuerzas armadas formales o informales, pero no excluye el recurso a formas heterogéneas de noviolencia activa, autodefensa, sabotaje y otras.

En tanto lo que les divide puede ser un desacuerdo estructural sobre la forma económica y política de la sociedad, poder constituido y sujeto desobediente bien pueden entenderse, en los casos más extremos, como los bandos de una guerra civil que no llega a estallar, debido a la decisión de los desobedientes de enfrentar el conflicto con medios distintos a los de la guerra civil (ya por principios ideológicos, por conveniencia estratégica o por ambos a un tiempo), sin por ello renunciar a sus máximos objetivos. A esta desobediencia ampliada se la ha denominado, para distinguirla de la desobediencia civil, «desobediencia social», y es la forma más notoria y pujante de la acción política contenciosa contemporánea".